jueves, 8 de julio de 2021

Trevor Sensor "On Account Of Exile, Vol. 1"



Trevor Sensor gasta a sus 27 años (ya la tenía así a los 22) la misma voz cascada de grajo acatarrado que Dylan a sus 72. Ha escuchado lo suficiente al de Minnesota  para saber que "quiere ser Bob Dylan" pero también que quiere ser otras muchas cosas. Que la instrumentación folk y la garganta de serrín no oculten una sensibilidad pop y una rabia punk (puede que se sienta más próximo a los Avett Brothers o The Tallest Man on Earth que a Bob), que los árboles de la voz no nos oculten el bosque de influencias y lecturas de sus estilos en la literatura y filosofía.

Empieza Sensor el disco voluntariamente alejado de parámetros dylanianos, con una balada al piano que un grito transforma en un paisaje beatleiano en una escalofriante transición. Dos temas que asientan el tapete antes de asaltar la maravillosa "Chiron, Galactus" donde Trevor canta una canción de amor que navega la iconografía de Marvel. No se le puede negar la originalidad ni el talento literario (como a Dylan, pero una vez más, diferente), ni la racha que engancha con "Days Drag On" en una primera parte de ensueño.


Primera parte que queda partida por "Swadust Choke The Wind", una morosa balada pianística al más puro estilo del Tom Waits del "sábado noche" que precisa de varias escuchas para apreciar su lugar en el disco. Los impacientes no se alteren, enseguida vuelve a parámetros del folk intenso y acelerado que van haciendo progresar este LP que se queda corto.

Porque quizá el mayor problema del disco no sean las odiosas comparaciones, sino su escasa duración que deja con ganas de más. Han sido 4 años de espera desde Andy Warhol's Dream para 33 minutos que rematan, ahora sí, con un homenaje en toda regla a su supuesto mentor. ¿Queríais Dylan? Pues esto sí que es "sonar a Dylan". Pero sonar con mayúsculas, al descacharrado folkster con bufanda larga que mira desafiante desde la portada de Blonde on Blonde. No hace falta escarbar demasiado en la voz de Trevor para ver esa misma mirada ambiciosa que promete futuras alegrías.

Carlos MENDAÑA
 

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